viernes

JUAN ANTONIO MURIEL/A LA ORILLA



Pude ser un vagabundo
inspector de “pa ceder”,
fugitivo del Invierno
sentado frente a una miel;
pude ser un suicida
que persigue al Arco Iris
exiliado de la vida
que aparece en las estrellas...
pianista malherido
por las teclas del silencio
un pintor que anda buscando
el color del Universo...
un mecánico enamorado
de una dulce camarera
que apretando las bujías
sueña con ella, siempre sueña,
oficinista tomando café
entre las nueve y las nueve y diez,
electricista arreglando la Luna
marinero borracho de espuma.
Pero a la orilla de una cara me quedé
porque a la orilla de una guitarra me siento bien,
a la orilla de una guitarra me quedé...
Un extraño pasajero
por tu cuerpo amanecido
medio corazón al vuelo
y el otro medio siempre a cambio,
un aprendiz de trovador
más soñador que aventurero
inaccesible para el Sol
para la Luna siempre dispuesto.
Y a la orilla de una cara me quedé
porque a la orilla de una guitarra me siento bien,
a la orilla de una guitarra me quedé...
Un guitarrero tomando café
entre las nueve y las nueve y diez,
especialista en dejar la partida
cuando despierta y nos tensa la vida,
y a la orilla de una guitarra me quedé,
porque a la orilla de una guitarra me siento bien,
me siento bien, me siento bien.


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