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lunes

JUAN ANTONIO MURIEL/QUIEN TE HA VISTO Y QUIEN TE VE


La Luna estaba inmensa
y como tú soñabas
de espaldas a mí
pensé que era lo propio,
cargué mi telescopio
y apunté a su corazón...
tú dormías, ella no,
tú dormías, ella no.
Entré en el alquiler
el derecho a tener
un trozo de cielo,
se vive por los pelos
qué se puede pedir
al menos que un agujero infinito
requisito indispensable
para poder olvidar...
Quién te ha visto y quién te ve,
no te duermas otra vez,
quién te ha visto y quién te ve,
no, no te duermas.
Hace tiempo que no hacemos
de la noche una razón
para compartir la cama,
para compartirla horas
el cepillo de los dientes
y la muerte si hace falta,
hace tiempo que no hay tiempo
y no hay nada que decir...
Quién te ha visto y quién te ve,
no te duermas otra vez,
quién te ha visto y quién te ve,
no, no te duermas.
Ya no vamos a la grupa
de la escoba de una bruja
que de un cuento se escapó,
lo que ya no es,
de cerca, la Luna tiene acné...
Quién te ha visto y quién te ve,
no te duermas otra vez,
quién te ha visto y quién te ve,
no, no te duermas...
no te duermas esta noche
no te duermas,
no te duermas esta noche
no te duermas,
no te duermas esta noche
no te duermas,
no te duermas esta noche
no te duermas,
no te duermas esta noche
no te duermas...

viernes

JUAN ANTONIO MURIEL/A LA ORILLA



Pude ser un vagabundo
inspector de “pa ceder”,
fugitivo del Invierno
sentado frente a una miel;
pude ser un suicida
que persigue al Arco Iris
exiliado de la vida
que aparece en las estrellas...
pianista malherido
por las teclas del silencio
un pintor que anda buscando
el color del Universo...
un mecánico enamorado
de una dulce camarera
que apretando las bujías
sueña con ella, siempre sueña,
oficinista tomando café
entre las nueve y las nueve y diez,
electricista arreglando la Luna
marinero borracho de espuma.
Pero a la orilla de una cara me quedé
porque a la orilla de una guitarra me siento bien,
a la orilla de una guitarra me quedé...
Un extraño pasajero
por tu cuerpo amanecido
medio corazón al vuelo
y el otro medio siempre a cambio,
un aprendiz de trovador
más soñador que aventurero
inaccesible para el Sol
para la Luna siempre dispuesto.
Y a la orilla de una cara me quedé
porque a la orilla de una guitarra me siento bien,
a la orilla de una guitarra me quedé...
Un guitarrero tomando café
entre las nueve y las nueve y diez,
especialista en dejar la partida
cuando despierta y nos tensa la vida,
y a la orilla de una guitarra me quedé,
porque a la orilla de una guitarra me siento bien,
me siento bien, me siento bien.